No te adormecerás
ARROBA O11
Bajo los escombros, los cuerpos. Cuerpos amontonados en una fila de exilio. Cuerpos cubiertos por el gris cemento.
Sobre el cemento, más cuerpos. Están arrojados como una alfombra, uno paralelo al otro. El bodycount de una operación de milicos. Una favela como un cuerpo herido.
Del otro lado, otro cuerpo. Está tiritando de miedo. Sostiene a otro, un cuerpo miniatura. Pero tirita de miedo. El arma que, a contraluz, quiere apretar el gatillo.
En el agua, como carnadas, hay otro montón de cuerpos. Cuerpos de pescadores que un hombre ha dinamitado en mar abierto.
Y los que regresan… sin vísceras, sin riñones, sin corazón, sin córneas. Cuerpos mutilados. Violados. Otro con las costillas rotas, con un pulmón perforado. Y otro más, con diez cuerpos dentro de su cuerpo.
En la pantalla: esos y más cuerpos. Unos que danzan. Otros corriendo. Cuerpos mecánicos. Gráciles. Vestidos. Sin vestido.
Y con esos, todos los otros que arrojan, cuerpos que no vemos. Un tanto más fríos. Un poco más duros. Más y más con destino al mismo mar desde otro río.
Cuerpos cubiertos de lodo. Una caravana en tierra genocida. Cuerpos que, desde un safari, persiguen como a gacelas a otros cuerpos. Dientes que hablan sobre mover un cuerpo: sí se hace, no se hace. Así se hace. No te muerdo.
Es un inventario de cuerpos que todos hemos herido. Cuerpos lacerados por otros que decimos no son nuestro cuerpo. Cuerpos que integran bajo la piel más que solo huesos. Encárnalos: nombra, con la boca de tu cuerpo, al otro cuerpo que aún no has sido.


